¿Hemos estado realmente dialogando?

Hace ya varios años nos atrevimos a asegurar que el “ser humano” y el “trabajador” son un mismo elemento, la persona. El siguiente desafío, que se nos hace más urgente que nunca, es cómo logramos conectar a las personas al interior de una organización.

 Tal como generamos instancias formales de capacitación respecto a los procesos de las empresas, es igual o incluso más importante contar y abrir espacios de formación, que generen diálogos y confianzas para conocernos como personas al interior de las organizaciones.

 Mi reflexión en torno a lo que hemos vivido estos últimos 30 días es que no hemos

estado dialogando, cada quien tiene una verdad, una experiencia y está dispuesto a escuchar, pero no a dialogar a gran escala.  Por eso el trabajo que las organizaciones han venido haciendo estos últimos años, forzando espacios de coaching grupal y retiros espirituales, ya no va a ser suficiente. Necesitamos modificar patrones de conducta, mejorar hábitos que nos conduzcan a resultados profundos de cambio en la cultura organizacional.

 Entonces, ¿qué tipo de conversaciones estamos buscando? Otto Sharmer dice que tenemos cuatro niveles de escucha.

 Escuchar por descarga, oír aquello que te dicen, pero para reafirmar lo que crees, tu verdad con tus juicios, algo así como un discurso políticamente correcto. Luego tenemos un segundo nivel,  «escuchar con la mente abierta», dispuestos a encontrar las diferencias, a razonar lo que se escucha, un debate de ideas. Después podríamos llegar a un tercer nivel, con una «escucha empática», “abriendo el corazón” como órgano de percepción, ver la situación a través de los ojos del otro, sentir la emoción que vive el otro; nada realmente nuevo o que no hayamos escuchado antes.

Por Jorge Bizama Gallegos, 

Director Ejecutivo de SocialB

Centro de Emprendimiento e Innovación Social

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